“Notoriamente desapercibido”. Esto es a lo que aspiraba a dejar como recuerdo sobre su persona George Bryan Brummell después de un baile de la época en la corte inglesa de Jorge IV.

Se considera que el bello Brummell fue el artífice del actual traje moderno de dos o tres piezas y una suerte de corbata anudada al cuello. Lo que sí está claro es que cambió la forma de ver la moda para el hombre hacia lo que conocemos a día de hoy como elegancia bien entendida.
Y aún así, esta no fue su mayor aportación. Lo fue la higiene masculina mediante un generoso baño diario.
Desgraciadamente, el caballero español dista mucho en su vestir del caballero británico, italiano, estadounidense y asiático.
Ya no sólo las bases están corrompidas: zapatos de cualquier forma y cuidado, castellanos en el mejor de los casos; también lo están en las medidas de los trajes apostando, los mejores entre la mediocridad, por trajes con mangas cubriendo mitad de la mano, anchos de hombros o estrechos de pecho. Camisas de mangas cortas con cuellos asomando al balcón del vacío con corbatas anudadas nerviosamente cayendo demasiado cortas sobre el pecho.

Un país en el que una gran parte de la ciudadanía gira alrededor del borreguismo de los programas del corazón, que no deja de ser una víscera; y en que la otra parte de esa sociedad gira alrededor del mundo del fútbol en el que los jugadores son los nuevos evangelistas del modo de vestir.
Empezando por mi mismo, en próximas entradas intentaré ir desentrañando todos los pequeños detalles que llevan a un caballero mediocremente vestido a llegar a esa utopía de llegar a ser un caballero que pase notoriamente desapercibido.
Me doy y os doy la bienvenida a este viaje de aprendizaje en este proceloso camino del que no comúnmente se conoce por vestir bien y adecuadamente.
Un cordial y caluroso saludo a todos.